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«La crisis no es solo de seguridad, es moral»: el primer ministro de Haití une a católicos, protestantes y vudú por la paz

En un esfuerzo inédito por buscar soluciones a la ola de violencia que azota a Haití, el Gobierno logró sentar en la misma mesa a los líderes de las principales confesiones religiosas del país. Entre el 28 y el 29 de mayo de 2026, el hotel Royal Oasis es la sede de la Conferencia Nacional por la Paz y el Civismo, una cumbre que busca transformar los templos y centros espirituales en “asociados de paz” y herramientas de rescate social para la juventud. Lo llamativo del foro es su diversidad: en las mesas de trabajo conviven desde el sacerdote católico Brillère Aupont hasta el reconocido líder vudú Erol Josué y el profeta Mackenson del sector protestante.

El primer ministro, Alix Didier Fils-Aimé, encargado de abrir el evento, recordó que el país vive una de sus épocas más dolorosas y que la reconstrucción requiere sanar el tejido social. “El problema actual ha destruido la confianza entre los ciudadanos y ha debilitado los lazos de hermandad”, lamentó el mandatario, quien pidió usar el amor a la patria como una fuerza espiritual para devolver la esperanza a los barrios más golpeados por las pandillas. Por su parte, la ministra de Cultos, Raina Forbin, fue tajante al declarar que el Estado no podrá pacificar el territorio si no cuenta con el respaldo moral y humano de las iglesias.

Más allá de las oraciones y los discursos de unidad, la conferencia busca estructurar un plan real. El Gobierno distribuyó un documento para crear un plan nacional de diálogo enfocado en arrebatarle los jóvenes a las bandas criminales a través de cuatro talleres urgentes: prevención de la delincuencia, apoyo a las víctimas, educación cívica y empleo. Mientras el primer ministro aprovechaba para aplaudir el valor de la Policía y el Ejército y anunciar nuevas brigadas contra el crimen financiero, los observadores recordaban la dura realidad: mientras se habla de paz en el hotel de lujo, los secuestros no dan tregua en Puerto Príncipe y la tensión sigue al límite en el departamento de Artibonito, dejando claro que las promesas estatales necesitarán acciones militares contundentes para convencer a la ciudadanía.