La industria textil en el norte de Haití se encuentra en una encrucijada crítica. Fernando Capellán, presidente de CODEVI, reveló que las fábricas del complejo operan a una quinta parte de su capacidad debido a una “huelga de brazos caídos” promovida por los gremios laborales. Aunque no hay un paro oficial decretado, la productividad se ha desplomado tras semanas de tensiones originadas por la confusión en la implementación de la nueva escala de salarios mínimos decretada por el Gobierno de transición.
La discordia gira en torno a dos cifras: el salario básico diario fijado en $1,000 \text{ HTG}$ y el denominado “salario de producción” de $1,300 \text{ HTG}$. Según Capellán, las empresas del sector textil pueden absorber y negociar con sus clientes internacionales el primer aumento —que ya representa un fuerte incremento del 46.7 % y obligará a pedir un ajuste de precios del 32 % a las marcas compradoras—, pero califica de “suicidio comercial” la exigencia sindical de universalizar la tarifa de $1,300 \text{ HTG}$. De imponerse esta última interpretación, los costos de producción se elevarían un 90 %, pulverizando la competitividad de Haití frente a otros competidores centroamericanos y caribeños.
El impacto reputacional en el mercado global de la moda es severo y de largo plazo. El sector textil internacional está sumamente interconectado, y la reciente retirada de la corporación BrandM —que cerrará sus operaciones el 7 de junio— ha encendido las alarmas en las redes de suministro que abastecen a grandes clientes de Estados Unidos y Europa. Capellán recordó que el estancamiento y la pérdida de empleos (CODEVI pasó de tener 24,000 obreros a solo 15,000 en la actualidad) debilitan gravemente el lobby en Washington que busca renovar los beneficios arancelarios de la ley HOPE/HELP. El empresario enfatizó que el diálogo y la paz laboral son urgentes para salvar el motor económico de Juana Méndez, una región donde la actividad del parque industrial impacta directamente en el bienestar de al menos 75,000 ciudadanos.


