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Solino: reconstruir con método o repetir el fracaso

Desde que empezó el año, no dejan de llegar señales sobre Solino. El 26 de marzo, la ministra Sandra Paulemon se reunió con los responsables del proyecto «Regreso al Barrio – Solino», siguiendo el plan del Primer Ministro Alix Didier Fils-Aimé. El 17 de abril, una delegación con el ministro Pythagore Dumas a la cabeza recorrió la zona con expertos de DINEPA y Protección Civil para evaluar daños. Ya se habla de cifras: mil casas nuevas y miles de jóvenes formándose en construcción. Hay anuncios de luminarias y se nota voluntad política. Es un comienzo.

Pero falta la pregunta clave que nadie ha hecho todavía: ¿sabemos realmente lo que estamos intentando hacer?

Es fácil decir que sí porque el lenguaje nos suena. Haití ya intentó reconstruirse después del 2010. Ese tipo de reconstrucción tiene sus manuales y sus donantes. Se miden daños, se busca dinero y se vuelve a levantar lo caído. Pero ese modelo no sirve para Solino. Un desastre natural rompe edificios, pero deja el tejido social intacto: los vecinos siguen siendo vecinos y la confianza se mantiene entre los escombros. En Solino lo que hubo fue un desalojo violento y organizado por Viv Ansanm. Se quemaron casas, pero sobre todo se dispersó a la gente y se rompieron los vínculos. Reconstruir hoy no es despertar a un barrio dormido, es intentar reunir a una población que huyó sola y de la que no sabemos ni dónde está ni qué quiere.

Usamos términos como «desastre» por falta de palabras mejores, pero Solino fue víctima de una evicción violenta. Si no nombramos bien el problema, aplicaremos la solución equivocada: tratarlo como si fuera un terremoto. Y ahí es donde fallamos, porque reconstruir Solino no es solo echar hormigón; es reparar un tejido humano deshecho. Hacer mil casas sin saber quién volverá es arriesgarse a crear un barrio fantasma que la gente abandonará en la primera oportunidad.

Además, el Solino de antes no era un paraíso. Era una zona de pobreza, sin agua, sin luz fiable y sin un catastro real. Esa vulnerabilidad permitió que las bandas tomaran el control. Lo que hay que reconstruir no es ese equilibrio precario que ya falló, sino algo nuevo. Si solo reconstruimos igual, volverá a caer igual. La alternativa no es imponer un plan desde arriba que termine expulsando a los pobres, como pasó en Beirut, sino refundar el barrio con la gente.

Solino es el ejemplo de muchos barrios populares que han sido usados políticamente durante décadas. Inyectar dinero y equipo ahora sin cambiar las condiciones de fondo es solo preparar el terreno para el próximo ciclo de violencia. La violencia colectiva se está volviendo rutina y cada vez es más extrema. Si Solino se levanta sin un nuevo contrato social, la próxima crisis será peor. Por eso hace falta un método de cinco capas: física, legal, demográfica, económica e institucional.

Primero, la capa física: cartografiar dónde se puede construir y dónde no, decidiendo qué zonas deben ser espacios públicos para evitar desastres futuros. Segundo, la capa legal: dar títulos de propiedad reales a quienes vivían allí. Para alguien que lo perdió todo, un título es el reconocimiento de que pertenece a ese lugar y lo hace visible ante el sistema. Tercero, la capa demográfica: saber quién quiere volver de verdad para no construir de más o de menos. Cuarto, la capa económica: que los jóvenes de Solino sean quienes reconstruyan Solino, convirtiendo la obra en una escuela y creando empresas locales que puedan competir en el futuro.

En lo económico, hay que aprovechar la tecnología. En lugar de bancos tradicionales, Solino necesita pagos digitales con códigos QR (como en Kenia o India). Si la vendedora de comida usa MonCash, genera un historial que le permite pedir créditos. Además, si el dinero es digital, es más difícil para las bandas cobrar extorsiones. Y para que todo esto tenga alma, hace falta un símbolo: edificios públicos hermosos, como las bibliotecas-parque de Medellín, que digan que lo mejor del Estado debe estar donde más se ha sufrido.

Finalmente, la capa institucional: alguien debe coordinar todo. No sirve de nada que cada ministerio haga su parte por separado. El ciudadano debe ver que sus impuestos vuelven al barrio en forma de basura recogida, luz y agua. La seguridad no puede ser solo policía patrullando, sino un pacto con los vecinos. Si el Estado no demuestra que puede estar presente de forma integral, Solino será solo una pausa entre dos tragedias. El método es lo que importa, no solo las promesas.