A cien días de haber asumido el control total del Ejecutivo con plenos poderes, el primer ministro-presidente Alix Didier Fils-Aimé se enfrenta a un duro examen de credibilidad. Un incisivo análisis político advierte que los compromisos gubernamentales para pacificar las calles junto a la policía y el ejército se han quedado en meras promesas de papel, mientras las comunidades siguen sufriendo el azote de las bandas armadas y el desplazamiento forzado. A las puertas del mes de junio, los analistas coinciden en que el calendario está roto: es material y logísticamente imposible celebrar las elecciones generales antes de que termine el año 2026.
La polémica ha subido de tono tras la filtración de un borrador informal de decreto electoral que, según los denunciantes, fue diseñado en las oficinas del poder político. El documento ha encendido las alarmas de los partidos firmantes del pacto de estabilidad, quienes acusan directamente a Fils-Aimé de querer “secuestrar” al Consejo Electoral Provisional (CEP) para controlar los comicios. Este movimiento ha sido tildado de atentado contra la historia democrática post-1986 del país, colocando al mandatario en una posición sumamente frágil frente a sus aliados internos y ante la propia comunidad internacional, cuyos apoyos financieros podrían tambalearse si se consuma este golpe a la independencia institucional.
El reporte también saca a la luz los polémicos decretos que el Gobierno ha manejado tras bambalinas. Se critica que Fils-Aimé mantenga vigentes leyes mordaza sobre la difamación y que haya aprobado, bajo un absoluto silencio institucional, una nueva normativa sobre la explotación de minas en Haití, además de alterar los topes económicos de los contratos públicos. Sumado a las recientes denuncias de la Corte de Cuentas por la falta de transparencia en la ejecución del presupuesto nacional, el panorama sugiere que el primer ministro podría estar operando como una pieza más de un sistema viciado. La advertencia final de los analistas es contundente: Fils-Aimé debe romper el “manual de las malas prácticas” y cuidarse de las sombras de sus antecesores si no quiere pasar a la historia como un fracaso político más.


