El anuncio de la lista de convocados por el estratega Sébastien Migné para la Copa del Mundo ha desatado una ola de motivación en las canchas de Haití. El motivo principal tiene nombre y apellido: Woodensky Olivier Pierre. En medio de una selección dominada históricamente por figuras que militan en el extranjero, el jugador del Violette Athletic Club ha logrado lo que parecía imposible: ganarse un boleto mundialista compitiendo exclusivamente en el torneo doméstico de primera división.
La hazaña de Woodensky adquiere un valor monumental si se considera el entorno del futbolista local. Con un campeonato que arrastró un parón de tres años y una realidad nacional marcada por la violencia urbana, la falta de recursos sanitarios y la escasez de alimentos, los jóvenes veían las puertas de la selección mayor prácticamente cerradas. La tendencia de nutrir al equipo solo con legionarios radicados en Europa o Estados Unidos hacía que el talento de los departamentos haitianos viera el profesionalismo como una utopía.
Todo cambió el pasado mes de marzo durante el amistoso contra Islandia. Woodensky saltó al terreno de juego desde el banquillo y firmó un partido impecable que terminó por convencer al cuerpo técnico de incluirlo en la delegación oficial. Este llamado no solo premia su disciplina individual, sino que inyecta una dosis de credibilidad a las escuelas de fútbol que siguen operando en el país. La historia de Woodensky es la prueba viviente de que, incluso bajo las condiciones más hostiles, el futbolista haitiano puede competir de igual a igual y llevar su bandera a la vitrina más alta del deporte rey.


