El camino hacia las urnas en Haití sigue bloqueado por una disputa de cifras. El primer ministro Alix Didier Fils-Aimé reiteró su rechazo al nuevo presupuesto de 225 millones de dólares presentado por el CEP, considerándolo todavía demasiado alejado de la realidad económica del país. Desde el Vaticano, el jefe de Gobierno dejó claro que a su regreso a Puerto Príncipe se sentará nuevamente con el Consejo para ajustar los costos. El contraste es drástico: el Gobierno esperaba invertir unos 67,5 millones, pero el CEP asegura que sin el apoyo logístico que antes daba la ONU y con la inclusión del voto en el extranjero, el costo no bajará de los 220 millones.
Este estancamiento financiero se produce en un momento crítico. Aunque el primer ministro desea iniciar la primera vuelta a finales de 2026, la falta de un presupuesto aprobado impide la publicación del decreto y el calendario oficial. Además, el desafío no es solo económico, sino de control territorial; departamentos como el Artibonito, esenciales por su peso electoral, siguen bajo la amenaza de grupos armados. Mientras el CEP insiste en que las “novedades” del proceso justifican el gasto, el Ejecutivo busca un equilibrio que no comprometa las arcas públicas en plena crisis de seguridad.


